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Mi Davos personal: la hora de la innovación argentina

Llevar agua caliente a una familia utilizando botellas recicladas y el calor del sol. Pablo Castaño, ingeniero y cofundador de Plug-in Social, fue uno de los que tuvo la innovadora idea de construir módulos de ducha y colectores solares para suplir la falta de agua y electricidad que afecta a muchas familias de un barrio.
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En el frío de Davos recuerdo este caso y lo relaciono directamente con muchos de los temas que aquí se plantean. Con la Cuarta Revolución Industrial como marco, que pregona el indiscutido avance de la tecnología, hay muchas preguntas de fondo que debemos hacernos. ¿Habrá más o menos puestos laborales? ¿Alcanzará o no la energía para la población futura?

Plug-in Social, que conocimos hace unos años en el Centro Metropolitano de Diseño, ofrece una respuesta, aunque sea chica, a este interrogante e invita a una reflexión. Es hora de desempolvar la innovación. Para impulsar soluciones que mejoren la vida de los vecinos y alcancen el máximo impacto social posible -la verdadera innovación- es necesario cambiar el prisma y analizar el campo de juego.

En primer lugar, necesitamos entender el ecosistema de los emprendedores y los innovadores en profundidad. Así como es imposible idear soluciones a problemas que no se conocen en profundidad, hoy tampoco pueden aplicarse políticas verticalistas. Necesitamos soluciones que surjan del terreno, que surjan de las necesidades reales. Ideadas e implementadas por los propios ciudadanos. Necesitamos diseñar con (y no para) los vecinos. Muchos ya lo están haciendo.

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Durante estos días tuve la oportunidad de encontrarme con Network For Teaching Entrepreneurship, una organización que promueve el emprendedurismo entre los jóvenes: trabajan con más de 700.000 chicos de bajos ingresos de todo el mundo, ayudándolos a que terminen sus estudios y desarrollen habilidades emprendedoras. Conocerlos me comprometió aún más con la necesidad de fortalecer la capacidad emprendedora en los barrios.

De eso se trata: de trabajar de manera rápida y flexible, de implementar soluciones reales a necesidades reales. La innovación, entonces, está en tres cosas: entender el ecosistema en profundidad, guiarse por la data para tomar decisiones y trabajar un liderazgo colaborativo, en el que el que ONG, privados y los propios vecinos tengan tanta participación como el Estado.

En la Ciudad, lo estamos intentando, por ejemplo, con el Centro de Desarrollo Emprendedor y Laboral (CEDEL) de la Villa 31. En ese lugar, donde antes funcionaba un búnker de droga, se instaló un espacio de promoción para emprendedores, de inserción laboral y de enseñanza de oficios. Lo que antes era un espacio que generaba ruptura, hoy cataliza las posibilidades de las personas.

La Cuarta Revolución Industrial ya está llegando, y Davos así lo demuestra. Robots, inteligencia artificial, drones e impresoras 3D enarbolan la bandera y, por supuesto, son apuestas apasionantes e innovadoras. Que cada vez más familias puedan ducharse con agua caliente, como logra Plug-in Social, debería ser también parte de la revolución.

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