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El millonario británico que lleva 32 años preso por un crimen que no sería suyo sino de Pablo Escobar

Krishna Maharaj pasó 15 años condenado a muerte y lleva otros 17 con cadena perpetua por un doble homicidio que muchos adjudican a la guerra de la cocaína en Miami
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1 / 4 - Krishna Maharaj y su esposa Marita, quien lo visita cada semana desde que fue arrestado.

Huellas en el cuarto de un hotel donde aparecieron dos hombres baleados y un presunto falso testigo fueron suficientes para condenar a muerte al empresario británico Krishna Maharaj, aunque este se encontrara a kilómetros del lugar según su defensa. La inocencia que él mantiene desde el principio nunca se ha comprobado. Lo cierto es que por aquella época Miami era sede de la guerra de la cocaína; y los muertos tenían cuentas pendientes con el señalado por el acusado de ser el real culpable: Pablo Escobar.
Kris, como le llaman sus allegados, nació en Trinidad. Al terminar sus estudios se mudó a Peckham, al sur de Londres, en 1960. Allá construyó un negocio de importación de alimentos con un préstamo de USD 1.800 que pronto prosperó. Ya era parte del 'swinging London' (escena de la moda y la cultura que floreció en la capital inglesa en la década de los 60's) cuando se convirtió en una de las personas más ricas de Gran Bretaña. Coleccionaba Rolls-Royces, aunque su pasión eran los caballos de carrera, incluso los suyos compitieron -y ganaron- con los de la reina.
A principios de los 80, Maharaj se mudó al sur de la Florida para invertir en bienes raíces. Allá se contactó con Derrick Moo Young, un jamaiquino de origen chino a quien había conocido en Londres, para que supervisara las inversiones cuando estuviera fuera de la ciudad. Esa relación comercial fue el móvil que la justicia estadounidense usó para corroborar el testimonio de Neville Butler, un sujeto que aseguró haber presenciado el crimen.

Derrick Moo Young y su hijo adulto, Duane, fueron encontrados por una mucama en un charco rojo en la habitación 1215 del Hotel Dupont Plaza, el 16 en octubre de 1986, en pleno apogeo de la guerra narco por el tráfico de cocaína en Miami. Derrick había sido asesinado con seis disparos y para su hijo había alcanzado con uno certero. La sangre salía al corredor y hasta la puerta de la habitación opuesta. Ninguno había reservado el cuarto, en él que se hospedaba un colombiano que fue interrogado unos pocos minutos por los agentes que hicieron la inspección del lugar.
Esa fatídica noche para los Young, Maharaj fue arrestado por asesinato en primer grado, secuestro y posesión ilegal de arma de fuego. Un año después, un jurado del tribunal del condado de Miami Dade lo declaró culpable y fue condenado a pena de muerte. Las autoridades recopilaron como pruebas las declaraciones de Butler -quien supuestamente fue retenido por el acusado-, y el arma homicida, un Smith & Wesson de 9 mm con un número de serie algo similar al arma que poseía Kris.

Maharaj no tenía antecedentes de violencia, y tenía una coartada fuerte con al menos seis testigos que lo ubicaban a, exactamente, 50 kilómetros de distancia de la escena del crimen al momento de los asesinatos, en Fort Lauderdale: la psicóloga Marianne Cook, un hombre de un café cercano a su oficina, un agente inmobiliario con despacho en su mismo edificio, el administrador de un restaurante donde almorzó y otros más, según BBC. Pese a ello fue declarado culpable.
Inconsistencias
Krishna Maharaj ha negado ser el autor del crimen, siempre. Por supuesto, decidió apelar. Neville Butler, el testigo clave de la Fiscalía, no pasó el detector de mentiras, cambió su historia varias veces y fue desestimado. El mismo juez fue arrestado por aceptar sobornos de un agente encubierto que se hizo pasar por miembro de un cartel de drogas. Una corte de apelaciones estableció que el número de serie del arma homicida podría ser el de miles similares. Los seis testigos hablaron en su defensa.
Pero siete tribunales distintos han concluido que su condena debe mantenerse. "La evidencia del Sr. Maharaj consiste en alegaciones vagas que invitan a inferencias, y ninguna de ellas se une de manera coherente sin inferencias adicionales. Solo sus conclusiones llenan el vacío, pero este tribunal no está obligado a aceptar tales conclusiones", escribió en una ocasión el Asistente del Fiscal General Jeffrey Geldens. No hubo más juicios, pero en 2002 consiguió rebajar la pena a cadena perpetua, 16 años después de su arresto.

Desde el inicio de la disputa judicial, su defensa -gratuita- ha estado en manos de la organización benéfica de derechos humanos del Reino Unido Reprieve, quien ha descrito el caso como "un error épico de la justicia". Kris ha sido apoyado por medios y políticos británicos durante años. En 2001, un grupo de 300 políticos, líderes eclesiásticos y jueces exigieron al entonces gobernador de Florida, Jeb Bush, un nuevo juicio porque la condena estaba "plagada de fallas".
Y entonces una nueva clave del caso, nunca antes contemplada, surgió para dar un halo de esperanza a Krishna Maharaj: el recién formado Cártel de Medellín tenía cuentas pendientes con Young.

"Fue orden de Pablo Escobar"
En 2014, el abogado de Maharaj, Clive Stafford Smith, fundador de Reprieve, anunció que tenía "pruebas abrumadoras" que incriminaban al cartel de la cocaína con el doble homicidio. Se sostuvo en que en aquella época los mafiosos colombianos estaban activos en la escena de violencia de Miami. Descubrió que los Young lavaban dinero en efectivo para el extinto capo Pablo Escobar, cabecilla del Cartel de Medellín. Y que le robaron, por eso los mandó a matar.

Jhon Jairo Velásquez Vásquez, alias 'Popeye', el principal asesino de Escobar, admitió que su jefe había mandado a matar a los Moo Young por tomar parte del dinero de la cocaína que les habían dado para lavar. "Nunca había oído de Krishna Maharaj, pero sí recuerdo quién mató a los Moo Young: un asesino conocido como 'Cuchilla'", manifestó el sicario según cita Daily Mail. Se refiere a Guillermo Zuluaga, quien se presume está muerto.

A su vez el acusado reclama

"Sólo quiero estar en un lugar agradable y tranquilo con él. Caminar cerca del mar con un perro, tomar una taza de té en la cama juntos. Si quisiera abrazarlo, podría, si quisiera besarlo, podría", dijo en entrevista con el Mirror. La visita semanal solo le permite besarlo y abrazarlo a su llegada y a su salida. El resto de los días -dice el periódico británico- el contacto se restringe a una llamada de cinco a 10 minutos que escuchan los guardias.

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