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Desaparecieron 50 kilos de cocaína del escuadrón de la Gendarmería en Orán

La maniobra se descubrió por una casualidad: los panes de cocaína reemplazados eran diferentes. El yeso usado en la trampa no había fraguado bien y lucía distinto. El estupefaciente desapareció en las narices de funcionarios de las fuerzas federales y de la justicia federal
Gendarmeria-Acto

Como si fuese obra de un ilusionista, 50 kilos de cocaína se transformaron en yeso. Ocurrió en Orán, Salta, donde el juez federal Gustavo Montoya y el fiscal Carlos Amad investigan qué ocurrió con esa droga valuada en 8 millones de pesos que estaba en el escuadrón N°20 de la Gendarmería e iba a ser incinerado en la capital salteña.

La maniobra se descubrió por una casualidad: los panes de cocaína reemplazados eran diferentes. El yeso usado en la trampa no había fraguado bien y lucía distinto. El estupefaciente desapareció en las narices de funcionarios de las fuerzas federales y de la justicia federal.

Las primeras investigaciones de Montoya y Amad no dieron, hasta ahora, resultados positivos. La Policía Federal allanó la casa de dos gendarmes y perros antinarcóticos revisaron sus autos en busca de rastros de cocaína. Nada. En una conferencia de prensa, el juez admitió: "No sabemos quién es el enemigo".

En el Ministerio de Seguridad de la Nación sospechan de empleados del juzgado federal que, advierten, trabajan allí desde la época en que el juez federal de Orán era Raúl Reynoso, actualmente juzgado en Salta y procesado en otros expedientes por liberar al contrabando ese punto "caliente" de la frontera con Bolivia.

Incluso, fuentes de esa cartera sugirieron que dos funcionarios de ese juzgado habían sido detenidos el jueves pasado, algo que no ocurrió y desató el fastidio del juez y el fiscal, que debieron salir a negar la versión, publicada en algunos medios.

La insólita historia comenzó el 10 de marzo pasado, cuando gendarmes detuvieron en el Pasaje de Agua Sucia a dos hombres que cargaban mochilas con 50 kilos de cocaína boliviana. Los bagayeros estaban armados con una pistola Browning 9 mm. con numeración limada.

El cargamento iba hacia Orán, donde en 2017 hubo un brote de violencia narco que convirtió a esa ciudad en la más violenta del país, tal como publicó la nacion el 23 de junio pasado, con 27 asesinatos contra nueve de 2016, y una tasa de 17,3 homicidios cada 100.000 habitantes, el triple que la media nacional.

Los dealers fueron detenidos y el cargamento fue guardado en el juzgado federal de Orán hasta el 14 de junio pasado, cuando fue llevado a la sala de armas del Escuadrón 20. Al día siguiente 300 kilos de esta droga fueron trasladados al parque industrial de Salta para su incineración.

El juez Montoya estaba presente en ese lugar, con estudiantes que iban a asistir a la destrucción del estupefaciente. En ese momento percibieron que parte del cargamento que iba a ser quemado en un horno pirolítico era diferente del resto.

Un agente de Criminalística y Estudios Forenses confirmó, con un narcotest, que los paquetes no contenían droga. Habían sido cambiados, presumiblemente por yeso, que es de color blanco y tiene una textura similar a la de la cocaína.

El fiscal Amad envió muestras a Buenos Aires para un peritaje más profundo. Quiere saber cuándo pudo haber sido cambiada la droga.

Una semana después de que se descubriera el faltante, Amad recibió una amenaza de muerte. El 22 de junio, el fiscal denunció que a las 6.55 bajó del departamento en el que vive y al llegar a su camioneta Nissan blanca encontró dos hojas de papel puestas entre las puertas delantera y trasera del vehículo. Eran dos fotocopias con idéntico contenido, compuestas con letras recortadas y una foto suya. Decían: "El próximo Nissman (sic). Muerte al hijo de puta. Te vamos a matar, dejá de investigar en Orán o te hacemos justicia".

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