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La desnutrición no da ninguna tregua

El flagelo en Salta es síntoma de exclusión social, aislamiento regional y subdesarrollo, de diagnóstico sumamente complejo.
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La secretaria de Nutrición, Gladys Pernas, informó ayer un aumento del DÉFICIT NUTRICIONAL en Salta en niños menores de dos años. De un índice de 1,4% en 2015, los datos de 2016 marcan un aumento al 1,7%. El municipio más afectado es San Antonio de los Cobres, con un 7,1%. Le siguen Hipólito Yrigoyen, con 4,2%, y Angastaco, con el 3, 9% . La capital tiene un 1,8%.


El problema es gravísimo y afecta a los sectores excluidos; el dato de un 1,8% en el departamento capital muestra que el deterioro se está extendiendo geográficamente. La impotencia frente al flagelo indica la complejidad del mismo y la falta de un diagnóstico preciso. Esfuerzos institucionales se hacen. En 2010 crearon una coordinación para atender problemas de alimento, saneamiento, control de zoonosis, higiene, capacitación y fortalecimiento del vínculo familiar. En 2011 se reforzó con la Secretaría de Nutrición y Alimentación Saludable. Frente a una nueva crisis se dio a luz el Ministerio de la Primera Infancia, apuntalado en los centros Conin. Ayer, Pernas reiteró que "nos hemos unido para afrontar este gran problema", y se refirió a la mesa interministerial que participa incluso con la Organización Mundial de la Salud.


Gladys Pernas señaló dos aspectos elocuentes. "Hemos investigado algunos casos y el alimento, allí, estaba al alcance". También aclaró que "es esperable que al ir a buscar estos niños en riesgo con salidas permanentes e intensificadas... los índices aumenten".
Es probable que un primer paso hacia la solución pase por despolitizar el tratamiento del problema y abordarlo como una cuestión de Estado.
En febrero de 2015, hace dos años, el Anuario Estadístico provincial consignaba que "de 1.922 niños de 0 a 5 años con déficit nutricional existentes, 855 se encuentran en la zona sanitaria norte".


El economista Jorge Paz (Ielde - UNSa) alertaba que la población infantil -y particularmente los niños aborígenes- se halla en condiciones de extrema vulnerabilidad social. Este fenómeno era vinculado con las carencias de vivienda, saneamiento básico, principalmente, y agua.
La pobreza, en términos de exclusión, es una barrera que hay que superar. No falta quien recomiende revisar la eficacia de los bolsones alimentarios y se los reemplace por asistencia nutricional técnicamente más adecuada. El fenómeno de la obesidad en las zonas de bajos recursos es un fenómeno poco atendido.
Otro recurso consistiría en evaluar si existe un cuerpo de agentes sanitarios idóneos, con capacidad de comunicación y en número suficiente para cubrir todo el territorio de la provincia.

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