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Crimen de Vaqueros: La clave para resolver el caso flota en su propio entorno

Por lo general los homicidios cometidos con tanta alevosía no traspasan el llamado “entorno de la víctima”, donde los investigadores escarban en busca de pistas que los guíe al asesino, lo cual, muchas veces, es sólo cuestión de tiempo.
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Hasta ahora, la escena del crimen devela una alta carga emotiva que, todo hace suponer, provino de un hecho surgido en el “entorno” de la víctima. Por ello, los investigadores expurgan en cada hecho que formó parte de la vida de Jimena en los últimos meses.

Se trata de buscar una pista, una discusión, un exabrupto o un desacuerdo con cualquiera amigo o familiar, algo que puede indicar un vínculo directo o indirecto con el sospechoso, quien por estas horas tampoco puede moverse mucho, pues de hacerlo sabe que quedara en evidencia.

Por otra parte, la escena del crimen, más allá de evidenciar un alto grado de ensañamiento, ha dejado muchas pistas que como piezas de un rompecabezas esperan que aparezcan otras que las lleve a encastrar perfectamente y así develar el rostro del o los asesinos.

Casos conmocionantes
Si bien la cantidad de heridas coloca a este crimen como uno de los de mayor alevosía, no se aleja de otros hechos sangrientos y aberrantes por el grado de violencia con que fueron cometidos, como por ejemplo el asesinato y descuartizamiento de Alejandra Carabajal, una joven de de 35 años de Cerrillos asesinada en septiembre de 2006. Carabajal tenía 36 años y era madre de cuatro hijos, niños que tuvo con Raúl Antonio Tula, un remisero de 34 años, quien la mató a cuchilladas y luego, en busca de deshacerse del cuerpo del delito, la descuartizó y enterró los restos en un descampado vecino, hecho que le valió una condena de prisión perpetua.

En este caso, en tanto, el asesinato de Jimena Salas llama la atención también por el lugar, el nivel social de la víctima y la especial particularidad de que su homicidio, que roza el femicidio, ocurrió en un mes sangriento para Salta con tres asesinatos de mujeres, siendo el último de ellos el de Carolina Saracho, quien murió tras agonizar por quemaduras que su propia pareja le ocasionó.

Tampoco haya que dejar de lado el hecho de que Jimena Salas era madre de dos niñas mellizas, una de las cuales sufre de autismo. A ello se suma la sospecha de que podrían haber sido testigo de la terrible muerte de su madre, algo que por ahora los psicólogos deberán develar.

El trascendido de que una de las menores tendría rastros de sangre en su ropa no sorprendería, pues el sentido común indica que ante los gritos de su madre, siendo asesinada, podrían haber llevado a una de las menores a acercarse a la escena del crimen.

De ser así es también entendible que luego de ello, el o los asesinos decidieran encerrarlas en el baño, aunque cuando el padre llegó dijo que no estaban bajo llave. El número de heridas, más allá de ser un dato que algunos medios explotaron para exacerbar el morbo de los salteños, sólo indica la superioridad del asesino.

No obstante, otras lesiones indican cierta acción defensiva de parte de Jimena, lo cual es lógico que así haya sido no sólo para defender su propia vida, sino también ante la posible amenaza del atacante de dañar a sus pequeñas hijas.

En su muerte, Jimena alcanzó, según trascendidos, a dejar algunos rastros de su agresor, pistas que ahora se encuentran en uno de los laboratorios de análisis de criminología forense más importante del país, el cual se encuentra en Salta.

Presión extra

Se trata del Cuerpo de Investigaciones Fiscales, un acierto del Gobierno de la Provincia y del Ministerio Público, como así también la creación de la Morgue Judicial, organismos que cuentan con equipamiento sofisticado para ayudar en el esclarecimiento de estos crímenes.

Estas pruebas sólo esperan la llegada del ADN de un sospechoso, tarea que por ahora es analizada. Si bien, cae de maduro, que Nicolás Cajal, el esposo y viudo, se convirtió en el principal sospechoso, todo indica hasta ahora que su coartada encaja, aunque se esperan los resultados de los cotejos y otras pesquisas para terminar de disipar qué rol tuvo en el crimen.

En tanto, los investigadores de la División Homicidios, quienes trabajan pegados a los fiscales de la Unidad de Grave Atentados contra las Personas, se mueven de un lado a otro en busca de las pistas que permitan dar con él o los homicidas.

La profesionalidad de estos policías está por demás probada, ya que a lo largo del año pasado resolvieron varios crímenes que también se presentaban como un desafío, como el doble asesinato de los abuelos Juan Romero y Vicenta Sarapura, de 88 y 73 años, ocurrido el 22 de junio de 2016.

También esclarecieron en menos tiempo el asesinato del enfermero Leopoldo Federico Núñez, ocurrido el primero de septiembre del año pasado, siendo detenido por dicho crimen, Franco Corvalán, cuyos restos genéticos fueron hallados en la escena del crimen, cotejo que el CIF realizó y terminó de cerrar el caso.

Mencionar estos aspectos no indica una tarea propagandística, sino simplemente señalar que existen todas las herramientas para que el crimen de Salas sea develado, por lo que en definitiva se trata de una presión extra para la policía y la justicia frente a un hecho que, como otros de características horribles ocurridos en nuestra provincia, exigen profesionalidad como una pronta resolución.

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