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Crimen de Vaqueros: Sigue el misterio, nadie vio ni escuchó nada

La muerte de Jimena Salas genera más dudas que certezas. El nivel de desconcierto es tan grande que ninguna de las hipótesis termina de cerrar. Los testigos aportan muy poco para el esclarecimiento.
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"Era una mujer maravillosa, simpática y humilde. Lo poco que pude charlar con ella siempre se mostró encantadora. Me da mucha pena su muerte y sobre todo me da mucha tristeza que esas dos criaturitas -hijas de la víctima- se hayan quedado sin su mamá".

El pedido de no develar la identidad de los vecinos luego de alguna declaración muestra el nivel de conmoción que generó el bestial crimen de Jimena Beatriz Salas el viernes al mediodía en el barrio San Nicolás de Vaqueros. "Hay algo muy extraño en todo esto, semejante crimen y que nadie haya escuchado ni siquiera un grito de auxilio, nada, es raro", apuntó una mujer.

El asombro de la gente no es para menos. En la vivienda donde hacía poco más de un año vivían Beatriz Salas (44) junto a su esposo, Nicolás Cajal (43), y sus dos hijas menores de tres años, se perpetró quizá uno de los crímenes más sangrientos en la historia de la provincia. El despiadado acto hace suponer que fue más que un delito en situación de robo, en la ejecución hubo saña y un desprecio total por la vida humana. ¿Alguien quiso vengarse de algo? Preguntó uno de los vecinos en la calle Las Virginias. Interrogantes que por el momento no encuentran respuestas.

"Yo trabajo casi todo el día, ese mediodía -del viernes 27- estaba mi mamá en casa pero no escuchó nada, a pesar de que estamos a metros de la otra casa. Lo llamativo es que ante un crimen de esa naturaleza nadie haya oído nada, ni los albañiles que están al lado, casi pegados a la casa de ellos -de la familia de la víctima-. Los que estamos aquí hace más de 15 años nunca habíamos vivido algo así", fue otra de las declaraciones, en esta oportunidad de un hombre, vecino de la zona. La mayoría de la gente coincide en la sorpresa que generó el horrendo asesinato, porque se trata de un barrio tranquilo, donde a lo sumo suele ocurrir algún que otro robo o arrebato de "personas que no son de aquí, sino de otros barrios que vienen al camping San Nicolás", agregó.

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Alguien conocido

Entre las mujeres que se animaron a emitir una opinión, vecina del barrio San Nicolás, una de ellas apuntó: "Más allá de no haber escuchado ni haber visto nada, también llama la atención que nadie haya escuchado los ladridos de los perros que tenían, dos labradores que solían ponerse como locos cuando alguien se acercaba a la casa o pasaba caminando por ahí. Que los perros no hayan ladrado a mí me sorprende y mucho. Con todo respeto, me hace pensar que el asesino es alguien del entorno de ella, una persona conocida que pudo pasar sin mucho alboroto".

Otro de los testimonios de uno de los vecinos en Vaqueros indicó que "ellos nunca abrían la puerta así nomás a alguien. Por lo general solían atender por una de las ventanas, en ese sentido eran bastante cuidadosos". Algunos asociaron el poco vínculo de la pareja con los vecinos al poco tiempo que hacía estaban en el barrio.
La quietud del lugar expresa una paz singular que se siente al transitar por la calle de tierra, Las Virginias, paso obligado para ir a otros barrios y también al camping. Esa tranquilidad se corresponde con la casi nula inseguridad que manifiestan los vecinos.

"Por lo general los fines de semana se genera algún que otro hecho delictivo menor, nunca con la magnitud que tuvo el crimen de esta señora", apuntaron.

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